29 septiembre, 2013

SAPOS DE BOGOTA








































SERRANÍA DEL NAQUÉN



SERRANÍA DEL NAQUÉN


Está ubicada entre los ríos Inírida y Cuiarí, en el departamento del Guainía, municipio de Puerto Inírida, en un enclave que se considera como sabana selvática. Su forma alargada, con más de 90 km de longitud y 10 de ancho, se extiende en dirección norte–sur desde el río Guainía hasta el límite con Brasil, al sur; por el oriente limita con las regiones venezolanas del Tigre y Mayrri. Sus alrededores están irrigados por pequeños riachuelos o caños que descienden de sus estribaciones. 

En la actualidad las estribaciones y la periferia de la serranía están habitadas por indígenas Nukaks, emparentados con los Makús de la frontera con Venezuela y Brasil. 


Se identifican por la falta de atuendo y el uso de pintura corporal, bandas o brazaletes en muñecas, brazos, pantorrillas y tobillos. Son cazadores–recolectores natos y su cotidianidad doméstica transcurre en un constante deambular en procura del sustento y de la proteína animal; su morada la constituye, en el mejor de los casos, un enramado hecho con hojas de platanillo o tarriago, dispuestas en forma circular.

Hábiles hombres de selva y avezados en el manejo de venenos y alucinógenos, utilizan lanzas, cerbatanas, arco y flecha, tanto para la cacería como para la defensa personal. 

Aunque su descubrimiento es reciente, los estudios etnográficos y antropológicos en curso permitirán establecer las relaciones que existen entre los Nukaks y los Makús —denominados a sí mismos como Madopas o Hupdes— con los Epineds, otro de los grupos identificados recientemente en la Amazonia.





FUEGO










AGUA







TIERRA




VIENTO






SELVA



ILUSTRACIONES INSPIRADAS EN LA SERRANÍA DEL NAQUÉN - GUAINIA - COLOMBIA

DUPLICIDAD Y ORIGINAL

















Serie de fotografías intervenidas con efecto espejo y algunos retoques de color.

ESTA SECUENCIA DE IMÁGENES FUERON INSPIRADAS POR EL ESCRITO DE JULIO CORTAZAR...


Cápitulo 7 RAYUELA

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

     Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.